El cuidadoso oficio de estacionar

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El conductor posmoderno es una mezcla de cierre central, dirección hidráulica, impulsos primitivos, arrogancia y “auto”-condescendencia. Circula impune por las cada vez más agotadas calles de San José cuál dueño de la verdad, enfrentándose a otro millón de copropietarios con registro incluido.

Así las cosas, y con la propiedad de la verdad parcelada a la millonésima parte, no queda más que estacionar la frustración en alguna parte, normalmente en el primer campo que quede a la vista. Sin importar si se queda torcido, atravesado o sin posibilidad de salir una vez que se haya forzado la entrada entre otros dos autos, lo importante es dejar el auto en algún lado.

Sea bajo techo, bajo tierra, en un edificio, en un descampado, junto a un súper, junto a un caño, frente a un local o en grandes centros comerciales, miles de autos son estacionados mientras quienes les conducen compran, duermen y hasta trabajan. Los autos de cualquier color, tamaño, marca y modelo quedan afuera mansamente a la espera de ser encendidos por la furia de quienes allí les dejaron mientras llenaban el tanque de su propia frustración.

En medio del caos, el exceso de autos y la locura de gente, alguien, en algún lugar debe encontrar la forma de estacionar en medio de dos líneas (usualmente amarillas) que en ciertos casos afortunados corren en paralelo.

DOS LÍNEAS NADA MÁS

Sin embargo, otras situaciones más comunes la relación entre “A y B” es bastante torcida, perversa podríamos decir. En otros casos el ancho que las separa apenas permite que allí quepa un auto anoréxico. No se diga de las líneas que han sido remarcadas tantas veces que ya no se sabe cuál es el espacio en el que debe entrar una moto, un auto o bien un cabezal.

Para ayuda del conductor, rótulos azules indican espacios asignados a personas con limitaciones funcionales, otros con una “E” tachada nos mandan a otra parte y una franja amarilla generosamente gorda en el cordón de la acera indica que ahí no se debe estacionar.

Ahora con la cancha bien marcada es hora de salir a jugar. Pero el sentido común a veces no da para tanto y la prepotencia, la incapacidad, la frustración o una combinación de las anteriores nos enseña que uno puede estacionar sobre una de las líneas amarillas… habiendo 37 espacios a cada lado del vehículo libre. Es decir, se trata de ser lo suficientemente carga como para no embocar el carro en el centro. Eso sí, no importa que uno pueda echar para atrás y acomodar el carro para que quede bien ¡Eso es peligrosísimo!

TENERLO GRANDE

De la misma manera muchos vehículos cuatro por cuatro, fortaleza ambulante del nuevo rico, son estacionados en diagonal comprometiendo hasta tres lugares de estacionamiento, mientras quien conduce hace alguna cosa “rapidita”. Es como si alguien quisiera decirle a los demás que su tiempo y su espacio es mil veces más valiosos que el de cualquier otro y que además las reglas no aplican para ella o para él.

He de reconocer que me resulta indescifrable la capacidad de algunos y algunas de estacionar tan torcidos sobre las líneas que parece que el carro se convierte en el signo de “no es igual a”. Más llamativo aún es ver que ese auto puede ser un compacto de esos en los que apenas caben dos personas incómodas y dos más a los gritos. Creer o reventar, hay gente que realmente lo logra.

Aunque la calle se hizo para los autos y la acera para los peatones. Algunos choferes deciden ser considerados con sus colegas y estacionan la mitad del carro sobre la acera de manera de mantener el paso “fluido” por la calle, mientras que crean una presa de piernas en la acera. De paso, arruinar zacate o triturar alguna flor es un detalle que enaltece el gesto hacia los demás motorizados.

Por supuesto que nunca faltan los hipócritas. Esos que trabajan en empresas con normas de seguridad que hasta los obligan a estacionar en posición de salida, pero que a la hora de los balazos en cualquier otro lugar parquean como si estuvieran parqueando un trailer de doble carreta.

DIEZ CENTÍMETROS SON DIEZ CENTÍMETROS

Se puede aseverar, sin temor a cometer equivocación alguna, que existe gente con un serio problema para calcular las distancias. Lo demuestran estacionando junto a la acera, sea tan al borde que no pueden salir del auto o tan lejos del cordón como para ser considerado un bloqueo popular, con pliego de peticiones incluido.

Sépase que la cosa no termina ahí. No ¡Qué va! Si deben ser las mismas gentes que cuando se van a estacionar en un parqueo dejan casi un metro entre su auto y el auto de la derecha y 25 centímetros entre su puerta y la del carro de la izquierda. La sensibilidad de algunas alarmas alcanza a reportar el camanance o la grieta producida en la carrocería del afortunado vehículo que ha recibido tan precisa compañía.

Otras veces sucede el fenómeno inverso, su majestad necesita que a la hora de bajar la alfombra roja se pueda desplegar y por eso entre la puerta del chofer abierta en toda su extensión y el próximo auto debe quedar el equivalente a medio carro.

En muchos estacionamientos han tomado la precaución de construir pequeñas barreras de cemento para que los autos no choquen contra paredes o se menta en locales. Sin embargo, hay quienes han logrado reventar desde la base esas estructuras. Podríamos decir que el freno (el pedal del centro en los autos de marchas, el de la izquierda en los automáticos) no es necesariamente uno de los fuertes de muchos conductores.

LOS Y LAS OSADAS

Por supuesto que el gremio está integrado por novatos y novatas que creen que la luna es de queso y que el mundo gira en torno a sus egocéntricas personas. Son estas raras criaturas las que protagonizan osadas maniobras en los estacionamientos.

Podemos ver retrocesos temerarios sin ver en el retrovisor, autos cuya exacta mitad queda sobre una de las líneas amarillas o autos estacionados a lo largo de cuatro campos porque alguien encontró interesante medir su carro contando esas rayitas amarillas tan particulares.

También provoca cierto desconcierto lo que podríamos llamar “el efecto dominó”. Contrario a cualquier teoría política, el efecto dominó empieza cuando alguna conductora o conductor estaciona torcido en un parqueo.

Esto normalmente sucede cuando no hay vehículos en 400 metros a la redonda. Luego, inexplicablemente otro auto se estaciona junto al primer vehículo, haciendo su torcedura un poco más pronunciada, después de 15 carros podemos ver como los autos se acomodan como un dominó que cae graciosamente, sin importar cilindradas, caballaje u otras particularidades.

Pero, en el mundo de la prepotencia, la impericia y lo burdo siempre hay una cereza en el pastel. En nuestro caso, espero no equivocarme, son esas personas cargadas de sensibilidad que creen que en Costa Rica no hay personas con discapacidad.

EL AZUL ES UN COLOR ESPECIAL

Son terriblemente astutas que saben aprovechar la proximidad del espacio reservado para personas con limitaciones funcionales de manera que no tengan que caminar mucho en el centro comercial. Después de todo ¿Quién ha visto a un cuadrapléjico manejando? ¡Como si bajar una silla de ruedas de un auto fuera un festival! Ni que se diga del vacilón que es atravesar todo un parqueo con una persona en una silla de ruedas porque algun@ insensible decidió que su visión cortoplacista de la vida no incluye a los demás.

En caso de que un oficial de seguridad le llame la atención a uno de estos personajes las respuestas son una muestra de la brutalidad de algun@s: le ignoran, le faltan el respeto y, nunca falta quien se atreva a amenazar al guarda con que va a pedir que lo despidan o lo deporten (porque todos son nicas).

Después están los que se le roban el espacio al que estaba esperando mientras un auto dejaba libre un espacio. Son mentes brillantes que saben que nadie se va a bajar a enfrentarlos o a decirles la calidad de torpes que son.

La forma desconsiderada en que estacionamos y nos conducimos mientras tratamos de liberarnos de las cuatro ruedas que nos llevan de un lugar a otro son un retrato de la manera en que nos vemos a nosotros mismos: pequeños, indefensos y torpes; por eso nos conducimos con arrogancia y violencia para que nadie nos tome por débiles.

Para conocer lo mal que parqueamos visite Bien Parqueado

* Originalmente publicado en redcultura.com

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Advertencia al visitante: Saúl Buzeta Dhighiam es politólogo de formación, comunicador por deformación y necio por naturaleza. Los dedos de la mano no sirven para contar sus obras pues no tiene, mas acostumbra a escribir a hurtadillas artículos de poca monta que gente incauta (en el mejor de los casos) o sin escrúpulos (en la mayoría de ellos) publica sin compasión por el lector. Considérese entonces amable visitante suficientemente advertido sobre lo inocuo de lo que aquí encontrará.

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