Una navidad para llorar

Una navidad para llorar
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¡Cómo cuesta defender la política!

Crecí en una casa en la que se hablaba, trabajaba y se pensaba la política. No había un ejercicio más digno que ese. Siempre en función del otro, siempre tratando de mejorar la vida de las demás personas.

Cuando se combate contra la ignorancia del “todos son iguales” o “a esos solo les interesa robar”; suceden esas cosas que devalúan la política.

La puesta en libertad de Alberto Fujimori en Perú nos debe llenar de estupor a todas las personas de bien. Las de mal, están celebrando.

El expresidente Fujimori es responsable de la muerte de decenas de sus compatriotas a manos de las fuerzas armadas fuera del marco de la ley. Dio un golpe institucional para preservarse en el poder y huyó a Japón para no enfrentar a la justicia de su país.

Cuando por fin fue condenado por sus crímenes a 25 años de prisión en 2009, su hija Keiko inició una campaña para su liberación que no se detuvo sino hasta este 24 de diciembre con un intercambio de favores políticos que ensució la democracia peruana.

Ensuciar la navidad

Durante las recientes elecciones presidenciales del Perú el fujimorismo (encabezado por Keiko) se convirtió en la primera minoría legislativa. En la segunda ronda electoral Keiko Fujimori perdió con el actual presidente Pedro Pablo Kuczynski.

En días recientes “se descubrió” que Kuczynski estaba relacionado con el caso Oderbrecht, la constructora brasilera que sobornó a 12 gobiernos, incluído Estados Unidos. Así, el Congreso del Perú votó el 21 de diciembre sobre la “vacancia presidencial”. Es decir, se expidió sobre la capacidad moral o física del Presidente para ejercer su cargo.

Inexplicablemente, el fujimorismo no votó unido, sino que nueve de sus miembros se abstuvieron (entre ellos Keinji Fujimori, uno de los hijos del exmandatario); lo que permitió que el presidente siguiera en funciones. El 24 de diciembre, Kuczynski, “sopresivamente”, pone en libertad a Fujimori indultándolo por razones humanitarias.

Una componenda tan asquerosa, tan burda, tan baja le arruina la navidad a cualquiera. El acuerdo entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski es una inmoralidad de récord mundial.

El fin justifica los medios

Para Kuczynski mantenerse en el poder es el fin último de su agenda política. Seguramente irá a la cárcel como los últimos presidentes peruanos, pero mientras tanto ganó tiempo. Keiko Fujimori logró su único propósito en la vida: liberar a su padre. Se puede decir que su misión en la política terminó, porque todo lo que siempre dijo defender no era más que una excusa para por fin liberar al exdicatador.

Kuczynski debió renunciar. Si quedarse en el poder, implicaba liberar a un criminal de lesa humanidad, no hay nada que justifique su permanencia en la presidencia. Ahora sí está moralmente incapacitado para ser presidente.

Los Fujimori, por otra parte, han terminado su ciclo de existencia. No tienen más que ofrecerle al Perú que componendas y negociaciones bajo la mesa. No tienen agenda política adicional.

Y en medio de esa ausencia de proyectos políticos queda la sociedad peruana. Por un lado un presidente que está pegado con moco a la silla presidencial, por otro lado una oposición que no sabe si tomar el poder o para qué tomarlo.

Perú ha sido abandonado a su suerte una vez más. La ignorancia que llevó a este mounstruo de dos cabezas al poder se nutre de una pobreza endémica que es la tierra fértil para las falsas esperanzas. Esperanzas que nunca llegarán, porque mientras existan habrán quienes lucren con ellas sea para liberar a un asesino, sea para perpetuar los negocios de una élite indolente.

Triste navidad, Perú.

 

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Advertencia al visitante: Saúl Buzeta Dhighiam es politólogo de formación, comunicador por deformación y necio por naturaleza. Los dedos de la mano no sirven para contar sus obras pues no tiene, mas acostumbra a escribir a hurtadillas artículos de poca monta que gente incauta (en el mejor de los casos) o sin escrúpulos (en la mayoría de ellos) publica sin compasión por el lector. Considérese entonces amable visitante suficientemente advertido sobre lo inocuo de lo que aquí encontrará.

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