¡A mi no me mandés esa vaina!

¡A mi no me mandés esa vaina!
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Llegan raudos en correos de gente conocida o conocida a medias, a manera de agregado y convertidos en una clara manifestación de dominio (o limitación) tecnológico de su creador o creadora. Uno más complejo que el otro, se propagan sin freno impulsados por el temor a alguna represalia divina. Dentro de ellos vienen reflexiones cargadas de culpa, chistes malos y una cantidad obscena de bromas destinadas a hacer sentir a su destinatario como un estúpido porque no pudo resolver la prueba de inteligencia básica.

Presumo que usted, al igual que yo, está siendo víctima de la epidemia de los “Pagüer Póint” que al menos una vez al día estriñe su correo electrónico mientras logra descargar esos mensajes de 1, 2, 3 y hasta 7 mega bites que algún amigo o amiga considerada envía con el fin de “alegrarnos el día”.

Sustituto del correo plano o de una buena broma resumida en una imagen, el “Pagüer Póint” es la evolución natural de aquellos chistes sencillos que contábamos entre amigos. También, se ha convertido en la expresión multimedial de pensamientos cargados de culpa y disfrazados de mensajes que vienen directamente del sitio del Cielo en Internet.

Así, los mensajes que versan sobre el amor de Cristo por nosotros y de cómo le hemos despreciado, vienen acompañados de imágenes de atardeceres hermosos y paisajes paradisíacos e inclusive con citas textuales del mismísimo Redentor escritas no hace más de dos meses. Todo ello formando un marco esplendoroso para hacernos sentir culpables por ser tan malas personas.

Tampoco deja de llamar la atención el carácter sádico de quiénes “montan” estos documentos. Luego de hurgar en todo el programa llegan a un nivel de sofisticación que les permite usar efectos visuales capaces de hacer parecer a un texto simple y plano como una especie de “Titanic” extensión pps.

No contentos con eso, estas presentaciones discurren lentas, eternas mientras que textos casi bíblicos aparecen despacio al ritmo de Celine Dion, Enya o los cantos gregorianos que le ponen “sabor” y “candela” a este espectáculo informático. Entonces asistimos con horror al hecho de que un texto que se pudo haber leído en unos pocos minutos, pasa a ser casi un largometraje computarizado, mientras nuestro tiempo productivo frente a la computadora se diluye con la misma suavidad con la que Celine Dion canta una aburrida tonada.

Es de capital importancia observar que un “Pagüer Póint” que se precie de ser serio debe tener un fondo fotográfico kitsch, colores chillones o una plantilla del programa. Las letras no necesariamente deben contrastar contra el fondo de manera que cueste leerlo más y, de ser posible, deben ser rebuscadas (casi barrocas) de manera que demuestren que quien creó ese material realmente sabe las potencialidades de su computadora y su programa, aunque no sepa una gota de comunicación.

Más aún, colocar música de fondo y transiciones exóticas son puntos extra para esa mente creadora capaz de transformar simples imágenes y textos en una especie de documental o drama de la vida hiperreal.

Es de recibo notar cómo hay gente que agrega cosas a presentaciones ya armadas, haciéndolas más “interesantes” y parte de un proceso que podríamos llamar “colectividad posmoderna” caracterizada por el anonimato de sus creadores, la profilaxis de la distancia, la descomposición de la idea en frases de impacto y el desconocimiento entre los mismos “genios creativos”.

Otro rasgo distintivo de estos materiales es su desprecio por el idioma. Faltas de ortografía por doquier acompañan al mejor chiste o la más elemental de las reflexiones sobre las injusticias que imperan en nuestro mundo. La ausencia de tildes, signos de admiración o pregunta, palabras mal escritas; o las ya consagradas abreviaturas derivadas del “messenger” hacen aún más dura la experiencia de enfrentarnos a uno de estos textos.

Como es costumbre el que menos tiene más padece. Eso aplica al ancho de banda. Aunque desearíamos tener un ancho de banda suficiente que sirviera de laxante para cuando estos mensajes traban la entrada de correos importantes, debemos resignarnos a esperar pacientemente a que la “creatividad” perversa de alguien que no tenía nada que hacer y que otro disfrazó de buenos sentimientos, se descargue para que los mensajes verdaderamente importantes por fin lleguen a nuestra computadora.

No se diga de aquellos que tienen una cantidad de espacio limitada en el servidor y dejan de recibir correos porque alguien “les hizo el favor” de enviarles el mejor chiste de todos los tiempos en un archivo de 5 megas.

Probablemente, el estimable amigo Pepe Cerutti acusaría a estos mensajes de ser un atentado ecológico a Internet, provocando más gasto de electricidad y desperdicio de espacio.

EL CASTIGO DIVINO

Si lo antes citado no fue suficiente, nunca está demás señalar la amenaza final: “Si no envías (perdón por el uso del tu) este mensaje a 10 personas que realmente aprecies en los próximos 15 minutos Dios dejará de quererte”. La última parte puede ser cambiada a conveniencia de manera que diga: “millones de personas morirán de hambre”, “el Amazonas dejará de existir”, “no volverás a tener relaciones sexuales por el resto de tu vida” (esa es grave y preversa), o “George Bush invadirá tu país” (esa convence a cualquiera).

Pero cuando nosotros creíamos que esto no se podía poner peor: ¡Zaz! Entra una llamada o un correo del “amigo o amiga” que nos mandó la presentación preguntándonos que si nos gustó. En ese momento nos debatimos entre la autocondena a una eternidad de “Pagüer Póints” o a liberarnos para siempre de la cursilería y liberar espacio en nuestro disco duro. Por lo general, la amistad puede más y uno se limita a decir “interesante”.

Le sigue la inevitable “¿Verdad que estaba buenísimo?” y, luego de dudar un momento respondemos tímidamente: “Sí, pero como que era un poco largo”, de manera que nuestro benefactor entienda que toda paciencia tiene un límite. Sin embargo, la realidad nunca es perfecta y él o ella responderán: “¡Ah!, ¡Pero vale la pena!”. En ese momento asistimos a la muerte del sentido común y de nuestras esperanzas.

USE INTERNET RAZONABLEMENTE

¿Qué es lo que vale la pena? ¿Las 10 mejores fotos del año que vienen saliendo desde el 2000? ¿Las fotos revictimizantes de gente que padece cualquier catástrofe? ¿Que a las focas del Ártico canadiense las matan? ¿Que Quino se está muriendo desde hace 10 años y dejó un testamento? ¿El cuento de la campaña de MTV “censurada”? ¿Las falsas frases célebres de Les Luthiers? ¿Que muere gente en Irak? ¿La capa de ozono y el calentamiento global?

La verdad, ¿No sería mejor hacer algo concreto con nuestras vidas para ayudar a otros y dejar de escribir mensajitos obvios y mandarlos como muestra de sensibilidad e incapacidad de hacer algo?

Aunque muchos y muchas ya deben estar responsabilizando a Microsoft por esta epidemia, hemos de ser honestos y reconocer que ellos solo fabricaron la herramienta; otros la han pervertido y es nuestro deber detenerlos.

Por eso, si usted no recomienda la lectura de este artículo a 10 personas que realmente odie es probable que esas mismas gentes pronto le enviarán un “págüer póint” de 50 filminas, 30 clicks por pantalla y cargado de frases mal fabricadas capaces de provocar daños intelectuales irreparables.

Originalmente publicado en redcultura.com

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Advertencia al visitante: Saúl Buzeta Dhighiam es politólogo de formación, comunicador por deformación y necio por naturaleza. Los dedos de la mano no sirven para contar sus obras pues no tiene, mas acostumbra a escribir a hurtadillas artículos de poca monta que gente incauta (en el mejor de los casos) o sin escrúpulos (en la mayoría de ellos) publica sin compasión por el lector. Considérese entonces amable visitante suficientemente advertido sobre lo inocuo de lo que aquí encontrará.

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