El Condón Emocional

El Condón Emocional
Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por cabroncito68

Creo que es difícil negar la utilidad que tienen los teléfonos celulares, la mensajería instantánea, el correo electrónico y todas esas herramientas multimediales que facilitan el trasiego de información de forma rápida y eficaz.

Hoy podemos informar e informarnos con más precisión y rapidez que antes. Inclusive hasta sentimos la falsa sensación de que somos hiperproductivos porque podemos enviar 17 archivos a 10 personas con solo hacer “click”. ¡Groovy!

Pero en alguna parte el propósito de acercar y acelerar la transacción de información se perdió y las herramientas se convirtieron en substitutos de la comunicación interpersonal.

Es decir, es importante poder enviar imágenes, sonido, texto y demás yerbas sin tener que grabarlos en un disco o imprimirlos y entregárselos a otra persona en poco tiempo. Pero cuando nuestra capacidad de relacionarnos con el entorno se limita a la cantidad de mensajes que enviamos y recibimos en un día, algo anda mal… muy mal.

Pongamos el caso de los mensajes de texto en los celulares o en los programas de mensajería instantánea. Son mensajes extremadamente cortos, abreviados por letras, cargados de dibujitos raros y carentes del sentimiento que solamente viaja con la voz.

Son textos incompletos, rápidos, que no dicen nada, pero que a la vez lo dicen todo. De repente la economía le ganó a la necesidad, la herramienta anuló a la humanidad. Lo importante es escribir rápido, muy rápido. No hay que pensar, hay que reaccionar.

En ese contexto encontramos varias bajas pero dos son las más importantes. La primera es el grupo de códigos que usamos para comunicarnos en sociedad, la segunda nuestra capacidad de expresar nuestros sentimientos y deseos.

No quiero sonar a puritano del idioma porque no lo soy, pero el desarrollo de estos nuevos signos viene acompañado de un empobrecimiento en los significados y en la capacidad de comunicar y entender.

Otra particularidad es la cantidad de faltas de ortografía con que se escribe. Si esos errores fueran un delito, habría gente purgando cadena perpetua y la lista de los 10 más buscados estaría empatada con 10 mil almas en el primer lugar.

Si Leo (el vecino del Tendedero) no recoge el guante volveré sobre mis pasos, pero por el momento dejaré el tema aquí.

Mi preocupación, al menos por ahora, es el empobrecimiento de la expresión de las emociones. Dicho de otra manera la forma segura, falsa y anónima de expresar las emociones detrás de caritas estúpidas, corazoncitos que dan vueltas y animaciones raras que sirven para expresar cómo se siente uno.

Pero ¿De qué otra manera me podría expresar si estoy hablando con caritabonita698? No tiene rostro porque su foto la ocupa una flor púrpura, el nombre abreviado es “me hacés falta…” y su léxico no sobrepasa las 50 palabras, todas con faltas de ortografía.

¿Qué edad tiene caritabonita698? ¿De qué sexo es? ¿Cómo se llama? No, el nombre verdadero. Total qué importa es tan real como fantástica. Está hecha a imagen y semejanza de lo que podría desear cualquiera, o al menos eso es lo que se desprende de su discurso.

Así es más fácil declararle nuestro “amor” a alguien. Si me dicen que “no” la cosa no duele tanto. El rechazo vino por la vía más anónima posible, fue de forma aséptica y totalmente controlada. Tiene sentido ¿Verdad?

Tiene sentido porque lo que siento no es amor, es miedo a la soledad. Tiene sentido porque si me rechaza una computadora, no es igual a que me lo diga viéndome a los ojos esa persona que no me deja dormir.

Tiene sentido porque me estoy protegiendo contra el rechazo, evito que lastimen mi ya destruida autoestima. En fin, tiene sentido porque estoy envuelto en una suerte de condón emocional que limita la posibilidad de cualquier daño y gradúa la sensibilidad de los sentimientos que entran y salen.

Veámoslo de esta manera: Cuando alguien se enoja con otra persona solo le pone caritas enojadas, el otro incluye una carita con llanto porque duele que se enojen uno. En esa comunicación no hubo un grito, una lágrima, una mirada, una interjección, un rubor, una sonrisa, un verdadero sentimiento. No hubo un carajo, solo expectativas de lo que pudo ser y no fue.

Pensar que dos renglones de palabras mal escritas y llenos de dibujitos pueden substituir la ternura de un beso, el escalofrío que provoca la mirada de la mujer amada o lo indescriptible de una cara hermosa iluminada por una candela mientras se tiene una charla inteligente por horas.

Por suerte Carmáiquel y Merricrismas no se conocieron así.

* Originalmente publicado en redcultura.com

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Advertencia al visitante: Saúl Buzeta Dhighiam es politólogo de formación, comunicador por deformación y necio por naturaleza. Los dedos de la mano no sirven para contar sus obras pues no tiene, mas acostumbra a escribir a hurtadillas artículos de poca monta que gente incauta (en el mejor de los casos) o sin escrúpulos (en la mayoría de ellos) publica sin compasión por el lector. Considérese entonces amable visitante suficientemente advertido sobre lo inocuo de lo que aquí encontrará.

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