El desinformador público

El desinformador público
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En los medios de comunicación existe la prenoción de que la audiencia no es inteligente y que por ende para poder llegarle hay que ser tremendamente emocional y reduccionista de manera que, aunque no entiendan lo que pasó, sepan que algo pasó. Así, la importancia de lo sucedido estará dada por la intensidad emocional medida en adjetivos y valoraciones de la noticia, pero lo sucedido como tal quedará en el olvido.

El cuadro se agrava cuando quienes cumplen con la tarea de informar carecen del nivel intelectual para tratar la noticia o, peor aún, en términos de inteligencia emocional son unos cromañones incapaces de ponerse en el lugar del otro como para entender de qué manera esa noticia ayudará al enriquecimiento de quien la percibe.

Debe ser lógico que en ese contexto los sucesos sean el centro de la labor informativa, el fabuloso mundo del deporte (fútbol, fútbol y más fútbol), seguidos de las frivolidades del mundo del espectáculo, el patineta set y las noticias internacionales hiper comprimidas.

No es difícil imaginar entonces porqué es tan triste ver la forma obtusa, ignorante y simplista con que se aborda la discusión del TLC en los medios de comunicación.

La materialización de esta idea se puede ver en Repretel cada vez que padecemos “TE ELE ¿Qué?”. El segmento responde a la lógica enunciada más arriba: La gente es estúpida (¿Qué?) y las cosas deben ser planteadas de la forma más simple posible. El resultado son microprogramas presentados por una cara bonita que repite los argumentos de Comex y sus comerciales en torno a las infinitas bondades del mentado tratado.

A veces, como el viernes 16 de febrero, el micro es precedido por una noticia que nos habla de lo mal que nos va por no habernos adherido todavía al tratado. En el ejemplo que traigo a colación Repretel se deja decir que Guatemala está al mismo nivel de Costa Rica en materia de inversión extranjera en tecnología. El argumento es que recibió US$50 millones en ese rubro. Si esa cifra se compara con lo que recibió el país en inversión extranjera este año el argumento se cae sin ayuda.

Simultáneamente, ese canal se ha dedicado a buscar (y a encontrar con justa razón) cuanto trapo sucio tengan las organizaciones que se oponen al TLC.  Ahora el simplismo se convierte en editorial disfrazado de noticia.

Ese mismo comportamiento lo vamos a encontrar en el resto de los medios de comunicación que impunemente tergiversan las noticias por ignorancia, sesgo ideológico y una impresionante limitación intelectual.

La libertad de prensa es una parte importantísima de la democracia. Sin embargo, la libertad de prensa no significa que un medio de comunicación tenga per se el derecho a informar lo que cree es la verdad como lo estime conveniente. Esa libertad es el derecho que tenemos las personas a informar y a ser informadas con la verdad de la forma más objetiva posible a través de los canales socialmente validados para ese propósito.

Si bien es cierto hay un grupo de personas pensantes que, a favor o en contra del tratado, pretenden una discusión seria y profunda, lo cierto es que toda la sociedad necesita nutrirse de una mejor calidad informativa.

Quizás si se hiciera ese ejercicio podríamos negociar internamente un TLC con aperturas de más largo plazo en telecomunicaciones y seguros, de manera que el ICE y el INS tuvieran tiempo de prepararse para competir dentro y fuera del país, de manera de evitar la catástrofe social que su desaparición implica.

Tal vez, si se informara mejor podríamos evitar la confrontación que parece inevitable porque algunos medios quieren ver sangre a toda costa para poder mostrar que su profecía de opositores sanguinarios era verdadera.
De la misma manera, sería interesantísimo que los medios de comunicación fueran igual de implacables a ambos lados de la ecuación.

Ojalá quienes respaldan el TLC fueran objeto de los mismos cuestionamientos. Ojalá les preguntaran si lo conocen, ojalá les cuestionaran de donde viene la plata para financiar las campañas de promoción, ojalá les preguntaran si es ético gastar dinero de todos y todas en promover el negocio de algunos y algunas. Sería fascinante que nos dijeran a qué vino Felipe González hace un año (además del supuesto seminario).

¿No sería maravilloso que nos enteráramos porqué dos ex presidentes fueron a parar a la cárcel justo cuando a otro se lo habilitaba para ser reelecto? ¿Fue una casualidad o una causalidad?

Pero eso no podrá ser porque al final del día el desinformador público se pondrá la silicona en su lugar, vendrá del salón de bronceado con cara de cansancio listo para ser maquillado y con una gran sonrisa nos dirá viendo directamente a la cámara: “Hola imbécil. Estas SON las noticias.”

* Originalmente publicado en redcultura.com

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Advertencia al visitante: Saúl Buzeta Dhighiam es politólogo de formación, comunicador por deformación y necio por naturaleza. Los dedos de la mano no sirven para contar sus obras pues no tiene, mas acostumbra a escribir a hurtadillas artículos de poca monta que gente incauta (en el mejor de los casos) o sin escrúpulos (en la mayoría de ellos) publica sin compasión por el lector. Considérese entonces amable visitante suficientemente advertido sobre lo inocuo de lo que aquí encontrará.

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