Sin palabras

Sin palabras
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Hace un par de días Telenoticias anunciaba, casi con gozo de revitalizada democracia, la organización de un “Golpe de Estado Simbólico” a través de las redes sociales (léase Facebook). La contradicción entre el entusiasmo detrás de la redacción de la noticia y la poca monta del hecho que anunciaban se resolvía por una especie de añoranza de indignados costarricenses que tomarían las calles para protestar contra este gobierno inoperante.

La noticia fue reproducida originalmente por La Prensa Libre y más tarde por CRHoy que hasta escribió en la página de los supuestos organizadores que querían hacerles una entrevista sobre la foto colgada en Facebook.

En términos generales no se puede estar en contra de la protesta, por el contrario se debe escuchar, entender y actuar cuando se debe corregir. Un pueblo que se manifiesta, es un pueblo que le dice a sus gobernantes lo que piensa y lo que quiere. Es decir, recupera su rol de sujeto que ahora se lo arrebatan las encuestas en una especie de dictadura de la opinión publicada. Pero cuando se trata de una ocurrencia que usa la expresión Golpe de Estado alegremente y tres medios la repiten con una liviandad tan espantosa que parece que hablan del clima la verdad es que tanta superficialidad preocupa.

Preocupa porque la convocatoria hecha en Internet, además de tener sendas faltas de ortografía y horrores de redacción (sin dejar de mencionar que nos hablan de “tú”, como en las novelas), llama al adelanto de elecciones y a la renuncia del gobierno. ¿Simbólico? Lo que están haciendo es llamando a la rebelión. ¿Lo hacen sobre la base de reclamos concretos? ¿Violaciones a las leyes o a la constitución? No. ¿Tienen un proyecto alternativo? No. ¿Hay un más allá después de las elecciones? No. ¿Hay un diagnóstico de la realidad del país que demande un quiebre institucional? Tampoco. ¿Existe un proyecto político, legal y social por el que debamos terminar con este gobierno? Menos.

PORQUE SÍ

¿Dan fundamentos? No, solamente que “los políticos actuales despedazan el país”. Perdón, si se está disconforme se plantea que se debe rectificar, se exigen acciones y se proponen alternativas, pero esa vaina de disparar al aire palabras como Tiroloco McGraw es de una pobreza intelectual que lastima los ojos.

Por el contrario llaman a elecciones. Es decir, a repetir el círculo que causa el problema, porque como siempre la culpa es de “los políticos”. ¿Entonces quién va a ocupar los cargos que queden libres? ¿El tipo que colgó la imagen? ¡Que Tatica nos agarre confesados!

Pero la estupidez no conoce límites. Estamos convocados a marchar al “Parque Central de tu provincia” (sic). ¿Cuál es el parque central de Guanacaste? Es decir, yo me levanto cabreado porque un hueco me complica la vida y llamo a todo el mundo a llegarse a un parque sin precisar la hora. ¡Clase de Golpe de Estado! ¡Esta si es una sorpresa!

No menos indignante es que dicha ocurrencia se haga cuando acaba de pasar el Golpe de Estado en Paraguay, donde los grupos asociados a la producción de soya, la derecha política y ciertos narcopolíticos y narcoempresarios se cargaron al presidente en un juicio express con argumentos tan pueriles que parecen haber inspirado a nuestros protestantes de computadora.

Un golpe de estado no puede ser ejecutado por el pueblo. El golpe de estado es una ruptura del orden institucional cuando un grupo de poder se impone sobre la mayoría de la sociedad normalmente a sangre y fuego o, en versiones algo más light, como en Honduras y Paraguay donde inventaron delitos y asesinaron de forma selectiva.

Como dice una querida amiga mía “las palabras no son balas”, pero a veces hacen más daño que un cañonazo.

¿Y LOS OTROS?

En Costa Rica hay movimientos sociales con propuestas de cambio más serias, profundas y pluralistas que merecen la atención permanente y podenrada de los medios. Sin embargo, como no son efectistas, como se parecen más a lo que el imaginario cree que es Fidel que a una versión light de los indignados españoles, es mejor invisibilizarlos. Son otros y otras invisibles que no son tan fashion en lo político como el movimiento por los derechos de la población homosexual (a los que adhiero plenamente).

Los medios son responsables directos de que existan estos fosforitos supuestamente democráticos. Son los medios los que no saben cubrir la política, los que ningunean las ideas por darle lugar a noticias efectistas que refuerzan el que todo está mal. Son los medios los que se centran en Chuchinga y sus compas; y no en las propuestas en torno a la reforma constitucional sobre agua, por citar un solo ejemplo. Son esos mismos medios los que cuestionan a través de la ineficacia del gobierno la legitimidad de la democracia y esas son palabras mayores.

Más aún, disfrutamos de la conducta perversa de criticar al que no hace las cosas bien; de descalificar al que tiene ideas; protestar porque los precios suben y no hacer nada para que bajen; señalar a cualquiera como corrupto, pero no poner el pecho por una idea de país; de votar porque nos compraron el voto y no porque pensamos a conciencia; y de no pensar porque para eso están los medios.

Y esas, son palabras gastadas.

* Originalmente publicado en redcultura.com

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Advertencia al visitante: Saúl Buzeta Dhighiam es politólogo de formación, comunicador por deformación y necio por naturaleza. Los dedos de la mano no sirven para contar sus obras pues no tiene, mas acostumbra a escribir a hurtadillas artículos de poca monta que gente incauta (en el mejor de los casos) o sin escrúpulos (en la mayoría de ellos) publica sin compasión por el lector. Considérese entonces amable visitante suficientemente advertido sobre lo inocuo de lo que aquí encontrará.

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