Llegó la hora de decidir

Decidir responsablemente
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Se viene el 4 de febrero y tenemos que decidir sobre quiénes van a gobernar el país junto con nosotros los próximos cuatro años. Esos quienes son 57 diputados y diputadas, dos vicepresidentes y un o una presidente.

Llegamos al punto en que las encuestas no nos sirven (afortunadamente) y estamos solos frente a una decisión importante. Es una decisión tan relevante como la de hace cuatro años, pero no debemos dejar que nos ahogue.

Apaguemos la olla de presión

Para decidir el voto hay que quitarse de encima esa idea del “voto perfecto”. Esa creencia de que se vota y todo se arregla es más una fantasía infantil que un razonamiento democrático. Se trata de decidir entre proyectos de país que son dinámicos y que cambian de acuerdo a las circunstancias. Los medios nos han acostumbrado a ver el lado oscuro de la política porque es lo que vende. Estamos entrenados para ver lo negativo. Por eso es bueno hacer el ejercicio de ver y oír debates y entrevistas por nuestra cuenta.

Ninguna persona a la que elijamos resolverá todos los problemas del país en cuatro años. Votamos por un ser humano para presidente, no por el mesías reencarnado. No hay que tener miedo a equivocarse. Por lo general los medios se encargan de destruir a los gobiernos por deporte. Así que siempre es bueno consultar todo lo que hace una administración y no comer vidrio.

La democracia es como el amor: un trabajo de todos los días

Esa es nuestra tarea, amar el país tanto como para preocuparnos por él todos los días. No podemos descuidarlo mirando al costado. No se nos permite serle infiel soñando con el país que no puede ni debe ser. Tenemos la obligación de cuidarlo con nuestras decisiones, con nuestro pensamiento. Solo podemos tener la certeza que informándonos, discutiendo, pensando y decidiendo podemos hacer al país más grande y mejor.

No podemos renunciar a nuestra obligación ciudadana de pensar en los problemas y soluciones. Nadie está obligado a pensar por nosotros y nosotras. Nadie tiene la obligación de decidir allí donde nos toca dar nuestra opinión. Es nuestra responsabilidad individual. Ese es el precio que pagamos por vivir en un país de libertades.

Amar la patria es no prestar oídos a los profetas de la desgracia, el odio y la negación de la humanidad. Están en todas partes: en los medios, en los taxis, en la calle, en el bus y sí, en los círculos del poder. A esa gente se la enfrenta con un voto fundamentado, consciente y que tiene propósito.

No votamos por un rostro, un hablar bonito, una combinación de colores o un eslogan vacío. Votamos porque creemos en un país mejor para todos y todas. Encontrar ese país es nuestra tarea como ciudadanos y ciudadanas. Entender el déficit fiscal y las diversas formas en las que debe ser resuelto. Comprender el tema de la desigualdad social, el narcotráfico, la violencia y la marginalidad como motores de la inseguridad. Estar seguros que hay un más allá del tren que involucra la reforma total del sistema de transporte. Y muchas cosas más que demandan de nuestro conocimiento.

No somos expertos, somos personas interesadas en que el país avance.

Pongamos atención

Decidir es una experiencia subjetiva. Decidimos desde nuestro lugar en el mundo, con nuestra historia, nuestra red social real y digital; y con aspiraciones. Ya dijimos que es importante bajar las expectativas, los problemas estructurales del país se resuelven en el largo plazo.

Revisemos el currículo de cada candidato. Su preparación académica, trabajos, oficios, su experiencia con la cosa pública y la falta de esta que no necesariamente es malo. Nadie nace aprendido por lo que es importante conocer cómo ha crecido esa persona hasta llegar donde está. Nos ayuda a comprender cómo se adapta y también comprender sus valores.

Sabemos que hay temas país que demandan una solución sin mayor dilación. Desde la campaña pasada se habla de reducir las filas en la Caja, de terminar con el tema del déficit fiscal, de construir el papá de todos los trenes, erradicar las presas y terminar con la criminalidad. Claramente una cosa es lo que se dice y otra lo que se puede hacer. Informémonos sobre los temas claves, analicemos desde nuestras posibilidades, pongamos atención a quienes proponen soluciones y busquemos en Google cómo un determinado partido se portó en la Asamblea Legislativa con respecto a un tema clave.

Realmente nos vamos a llevar sorpresas de ver que quienes hoy hablan de resolver el déficit fiscal no permitieron el avance de las leyes para mejorar la recaudación. Mención de honor para la diputada Rosibel Ramos de la Unidad que como presidenta de la comisión de Hacendarios bloqueó y saboteó todo intento de reforma fiscal. Si se aprobaron leyes para mejorar la recaudación fue a pesar de ella. Pero sí hoy estamos frente a una crisis fiscal es por ella y otros diputados obstruccionistas; además de una mala estrategia de comunicación del gobierno. Por eso es importante pensar muy bien el voto a diputados.

Entonces nos tenemos que decidir

Decidámonos por un proyecto de país, no por promesas sueltas para parecernos a Miami. Votemos por quienes tienen ideas claras para mejorar el país, no por quienes proponen hacer lo que está por concretarse (el tren, por ejemplo). Escojamos a quien no necesita hacernos sentir que vivimos en un país horrible, para ofrecerse como salvador.

Nos toca decidir sobre impuestos y cómo recaudarlos mejor. Vamos a decidir si las decisiones de infraestructura se toman para conveniencia de quien construye o de quien la necesita.

El 4 de febrero vamos a decidir sobre política económica, política de seguridad, las purgas necesarias en las gerencias de la Caja del Seguro Social y sobre la forma en que se debe resolver el tema de transporte e infraestructura, si vamos a abrir el mercado eléctrico sin ni siquiera saber cómo va a afectar nuestros bolsillos, entre otros.

Vamos a escoger diputados y esa no es una decisión sencilla. Lo más lógico es votar por el mismo partido en ambas papeletas. Quebrar el voto porque me cae bien el candidato a la presidencia que va a perder, no es una decisión racional.

Tenemos una Asamblea terriblemente fragmentada con algunos partidos cuya agenda no va más allá de la religión o las reivindicaciones locales. La gobernabilidad de este país no puede estar sujeta a que cuatro diputados que quieren limitar los derechos humanos en nombre de Dios, intercambien sus votos con tal de que se nos obligue a vivir una moral que ha sido superada por los tiempos.

Es importante revisar las listas por la provincia que nos toca votar y asegurarnos que no va a entrar ningún payaso de circo. Si en una lista hay personas cuestionadas con fundamento, entonces replanteemonos el voto; pero votar para diputados como premio de consolación es un peligro.

Esta es nuestra oportunidad de limpiar la Asamblea.

A manera de cierre

Claramente tengo mi posición frente a los temas y eso es lo que importa, tener una posición. La discusión política es defenderla y votar por quien mejor se acerque a ella. No pretendo erigirme en la voz de la conciencia social, ni decir a quien marcarle la casilla. Estoy a favor de ciertos proyectos y en contra de otros. Pero lo importante no es lo que opina este cristiano, lo relevante es lo que vos creés que necesita tu país, porque por eso vas a votar. Y al final del día eso es lo que vale: votar, decidir, demostrar tu voluntad y tu amor por este lindo país.

Feliz voto 2018.

 

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Advertencia al visitante: Saúl Buzeta Dhighiam es politólogo de formación, comunicador por deformación y necio por naturaleza. Los dedos de la mano no sirven para contar sus obras pues no tiene, mas acostumbra a escribir a hurtadillas artículos de poca monta que gente incauta (en el mejor de los casos) o sin escrúpulos (en la mayoría de ellos) publica sin compasión por el lector. Considérese entonces amable visitante suficientemente advertido sobre lo inocuo de lo que aquí encontrará.

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